Qué es la Depresión y cómo tratarla

 

Qué es la Depresión y cómo tratarla

 

 

            Conmemorando el Día Europeo de la Depresión, que se celebra el primer jueves de Octubre, queremos desde estas líneas contribuir a difundir qué se considera Depresión, y cuáles son los Tratamientos utilizados para abordarla.

Con una información adecuada, podremos identificarla y valorar qué medidas podemos adoptar. Y en su caso, cuándo pedir ayuda profesional.

 

            Hablamos de un problema importante, ya que siempre se ha situado en el “top five” de las causas de enfermedad a nivel europeo y también mundial, habiendo alcanzado ya la primera posición de esta desafortunada lista.

 

Es de los trastornos más incapacitantes, ya que interfiere de forma global e intensa en la vida de las personas. Ámbitos tan dispares como el trabajo o los estudios, la familia, el ocio, o las relaciones sociales, se ven seriamente afectados.

Y todo ello con un denominador común: la autoestima sufre.

 

            Y no sólo afecta a la persona que la padece. También las personas del entorno cercano, los familiares, los amigos, los compañeros, etc. sufren los síntomas más visibles, llegando a deteriorar las relaciones que, precisamente son las más necesarias para la recuperación del bienestar perdido.

 

            Contrariamente a lo que se pueda pensar, la Depresión afecta a todas las edades, incluidos los niños, a todos los estratos sociales (incluidos los que más recursos poseen), y a todos los países (no sólo a los menos desarrollados).

El límite entre sentirnos tristes por acontecimientos que nos suceden en la vida cotidiana, y desarrollar unos síntomas que nos afecten e interfieran en esa misma vida cotidiana, no siempre es grande. No hay una distancia tan amplia como para que el riesgo de padecer Depresión no nos afecte a todos.

De ahí la importancia de una intervención lo más temprana posible.

 

            La buena noticia es que es un trastorno que cuenta con tratamientos eficaces.

 

 

La Depresión:  descripción

 

 

La depresión en general se conoce como un estado emocional asociado al hecho de sentirnos tristes, melancólicos, infelices o abatidos. Pero clínicamente, la Depresión se identifica como un Trastorno del Estado de Ánimo, y específicamente dentro de los Trastornos Depresivos en el DSM-V, que cursa con sentimientos de tristeza, apatía, cansancio, ira o frustración, que ocasionan dificultades en el funcionamiento de la vida diaria durante un período de semanas, o que puede volverse crónica si no se realiza una intervención adecuada.

 

Otras enfermedades asociadas:

hemos de tener en cuenta que la Depresión en sí, no es un trastorno hermético, pues en ocasiones puede presentarse en otros cuadros psicopatológicos, como es el Trastorno Bipolar, los Trastornos de la Personalidad, o Trastornos de la Ansiedad, entre otros.

También es importante conocer que la Depresión puede causar otras enfermedades médicas o psicológicas si persisten los síntomas, pues habitualmente es un trastorno incapacitante que condiciona los hábitos de la persona que la padece, provocando posibles trastornos relacionados con su organismo, generando desórdenes en la salud y el bienestar de la persona, y que ocasionan la falta de autocuidados.

 

 

Causas

 

 

Especialmente, un factor estresante no esperado, un evento negativo como puede ser la pérdida de un ser querido o de un trabajo, padecer una enfermedad médica grave, o estar bajo periodos de estrés durante un tiempo considerable, pueden provocar la aparición de la sintomatología depresiva.

Estos factores se denominan externos, pero hemos de tener en cuenta en ciertos casos, que las personas padecen estos síntomas predisponentes por motivos de: sensibilidad emocional, tener una personalidad perfeccionista y exigente, o factores biológicos y genéticos que provocan la depresión, considerándose estos factores internos.

 

El consumo de fármacos, alcohol, drogas tóxicas, llevar una vida desorganizada en horarios sin respetar el descanso, el aburrimiento, y las conductas dependientes (uso excesivo de la tecnología, adicciones…), pueden ocasionar también el deterioro anímico.

 

 

Riesgos

 

 

Una de las conductas más preocupantes de quienes padecen la depresión son los pensamientos suicidas y las conductas autolíticas, que generan un severo problema de salud pública, pues no sólo causan lesiones (o la muerte) en las personas, sino que también ocasionan un problema social, pues es causa principal de bajas laborales, problemas familiares, rupturas de pareja y un mal funcionamiento de la sociedad en general.

 

 

Tratamiento

 

 

            Decíamos antes que afortunadamente se dispone de tratamientos eficaces para la Depresión.

Si bien es cierto que es posible afrontar por nuestros propios medios un periodo de tristeza provocado por un factor concreto e identificable, buscando apoyo de amigos o familiares, haciendo actividades que nos agradan, o modificando ese factor (cuando es factible), cuando nos vemos inmersos en una Depresión, esto ya no es suficiente.

Necesitamos ayuda profesional.

 

            En función de la gravedad de la Depresión, de la edad de la persona que la padece, del grado de afectación y deterioro, y de las estrategias de afrontamiento que tenga o haya puesto en práctica esa persona, resultará adecuado y eficaz un tratamiento u otro, o bien una combinación de ellos.

 

Los más utilizados son:

 

- Terapia Cognitivo-Conductual, que incluye técnicas que nos ayudan a gestionar tanto nuestros pensamientos como nuestras rutinas cotidianas. Dirigida a recuperar el apoyo social perdido, el disfrute de las actividades que hacemos, y el nivel de funcionamiento anterior.

 

- Terapia Sistémica y centrada en las Soluciones, que determina qué medidas ha intentado ya la persona afectada, y redirige sus esfuerzos hacia soluciones eficaces.

 

- Fármacos antidepresivos, que regulan los niveles de neurotransmisores, estabilizan al paciente, y aumentan la sensación de bienestar. Siempre necesaria la supervisión médica.

 

 

Qué demandan los pacientes a los Psicólogos

 

 

            Las demandas más habituales son las que tienen que ver con la recuperación del nivel previo de funcionamiento, y con el aprendizaje de estrategias para superar el problema.

El restablecimiento del nivel anterior, tanto de funcionamiento a nivel cotidiano como de rendimiento laboral o en los estudios, es una de las consecuencias de la Depresión que más preocupa a quien la padece.

Otra demanda tiene que ver con aprender estrategias eficaces que solucionen el problema a largo plazo. Y es que la Depresión reduce en gran medida la confianza en las propias capacidades para superar el problema, debido a la baja autoestima. Dichas capacidades suelen permanecer intactas, pero la percepción que se tiene no se corresponde con esa realidad.

 

Otras demandas tienen que ver con la recuperación de una relación (de pareja, de amistad, etc.) o de una dinámica familiar deterioradas, con la reducción del continuo estrés que experimentan las personas excesivamente autoexigentes (como comentábamos más arriba), o con la necesidad de experimentar una sensación de bienestar y felicidad que alivie su sufrimiento.

 

 

 

Conclusión

 

 

La Depresión, siendo un problema incapacitante y que afecta a muchos ámbitos de la vida de las personas, dispone de Tratamientos eficaces.

Cuando se prolonga la tristeza e interfiere en nuestra actividad principal, cuando la falta de ganas afecta a muchas cosas de las que antes se disfrutaba, cuando la irritabilidad deteriora la relación con nuestros seres queridos, o cuando el aislamiento aumenta cada día, es momento de buscar ayuda profesional.

 

            Una intervención temprana evita mucho sufrimiento, y reduce las posibilidades de que el problema se enquiste y se cronifique.

 

         Todos nos merecemos ser felices, así que…¿por qué esperar?

 

 

 

 

(escrito en colaboración con mi compañero Diego Antelo, Psicólogo)

 

 

 

 

El Regreso de las Vacaciones: Cómo afrontarlo

  

El Regreso de las Vacaciones:  Cómo afrontarlo

 

 

       El regreso de las vacaciones suele ser estresante. Se acaban los días libres, dejamos atrás amigos y familiares que sólo vemos en estas fechas, dejamos de hacer aquellas actividades y hobbies que más nos gustan, y … volvemos a la rutina.

 

     Y es entonces cuando empieza el estrés: anticipamos “lo que nos espera” a la vuelta, y nos fijamos en todo aquello que tenemos pendiente, ya sea en el trabajo, en los estudios, en la casa, con la familia, etc.

 

       Y precisamente aquí reside la clave: perdemos lo bueno, y nos espera “lo malo”.

¿Cómo va eso a hacernos sentir bien?

No es de extrañar que todo esto se traduzca en: mal humor, tensión en el ambiente, discusiones, pérdida de la paciencia, …

 

 

       Pero podemos darle la vuelta a esta situación.

       Podemos replantearla, con las siguientes Claves:

 

   -  La rutina tiene aspectos positivos, como la Productividad: somos más productivos cuando tenemos un objetivo y el tiempo está limitado. De hecho, en vacaciones suelen quedar “proyectos” sin empezar, a pesar de tener mucho tiempo libre. Así que, podemos retomar ahora esos proyectos pendientes. Con una planificación adecuada, son factibles.

 

  - Hay hobbies y actividades de las vacaciones que se pueden continuar el resto del tiempo. Quizá no con la frecuencia que nos gustaría, o no en las condiciones ideales, pero se pueden seguir haciendo. Podemos continuar con: el deporte, la música, las excursiones, las visitas culturales, los paseos, o la cultura como la lectura, el cine, el teatro, los museos, los conciertos, etc. Si seguimos con la inercia que tenía todo esto en las vacaciones, nos resultará más fácil incorporarlas al horario. No hay por qué dejarlas de hacer de repente. Simplemente, adecuarlas a la rutina.

 

    - Hay personas y situaciones que sólo las tenemos disponibles en nuestro lugar habitual y con nuestro horario de siempre. Amigos del trabajo, compañeros de estudios, vecinos, … y lugares agradables como parques, montes, pueblos, paisajes, etc. de nuestro lugar de residencia, seguro que tienen muchas cosas buenas y gratificantes. Y nos reencontraremos con ellas al regreso de las vacaciones.

 

  - Tenemos por delante mucho tiempo para realizar los objetivos que nos hemos propuesto “para la vuelta de las vacaciones”. Estos “propósitos” que quizá queramos conseguir alcanzar pronto, nos pueden frustrar si nuestras expectativas son demasiado elevadas. Es preferible empezarlos poco a poco, con metas pequeñas y factibles, antes que pretender alcanzar cuanto antes el resultado final.

 

  - A los niños les afecta especialmente el cambio de horarios, rutinas, actividades, … Necesitan más tiempo para adaptarse, sobre todo en lo que respecta a la vuelta al Cole. Han tenido muchos meses libres, y ahora tienen que rendir académicamente con poco tiempo de margen. Para hacérselo más llevadero, se puede introducir alguna actividad lúdica y estimulante al comienzo del Curso: excusión, deporte, cine, teatro, concierto, etc. Ellos necesitan un periodo de adaptación mayor que el de los adultos, y tener una tarde o un día “diferente” cuando el Curso empieza, puede resultar de gran ayuda. Además, nuestra actitud como adultos resulta imprescindible: si nosotros estamos tranquilos y tenemos sensación de controlar la situación poniendo en práctica estas actividades, transmitiremos a los niños confianza, seguridad y proactividad para afrontar su inicio de Curso.

 

 

Resumimos las 5 Claves para afrontar el Regreso de las Vacaciones:

 

  1-    Fíjate en lo positivo que tiene la rutina: haces más cosas en menos tiempo.

 

  2-    Introduce en tu horario los hobbies de las vacaciones que puedas seguir haciendo.

 

  3-    Presta atención a las personas y lugares de tu lugar de residencia que te hacen sentir bien.

 

 4-   Toma con calma los propósitos que tienes para el regreso: divídelos en fases que puedas ir alcanzando en periodos cortos de tiempo.

 

  5-   Sé flexible en lo que respecta a los niños: haz actividades de ocio con ellos, ten una dosis “extra” de paciencia, y dales un margen para que se vayan adaptando.

 

 

 

 

10 Razones para acudir al Psicólogo

 10  Razones para acudir al Psicólogo

 

 

 

Te presentamos 10 razones básicas que te ayudarán a decidirte para acudir a un Psicólogo.

 

Todas ellas se relacionan con sufrimiento emocional , o con consecuencias negativas en tu vida personal, el trabajo o los estudios, etc.

 

Si te identificas con alguna de ellas o con varias, es hora de que des el paso y pidas cita.

 

 

1.- Sentirse apagado, sin ganas, sin ilusión por cosas que antes sí hacías, … O que los demás te lo digan.

 

2.- Sentirse alterado, irritable, “que salta a la mínima”, que discute más, que se mete en conflictos, provocar, desafiar …  O que los demás te lo comenten.

 

3.- Sentirse “diferente”, “raro”, “cambiado”, “que no soy yo mismo”, “que estoy cambiando”, “que ya no soy el de antes”… O que te digan algo similar.

 

4.- Bajar el rendimiento, la concentración, la eficacia…en el trabajo o los estudios, sin causa aparente. O aumentar la distracción, los olvidos, las “torpezas”, etc.

 

5.- Tener problemas para dormir o tener demasiado sueño, dolores, mareos, vértigos, náuseas, cambios en el apetito (aumento o disminución), cansancio sin haber hecho un esfuerzo físico, vómitos, etc.  Todo ello sin causa aparente.

 

6.- Notar que cada vez estás cogiendo más miedo, o que cada vez evitas más situaciones: puentes, alturas, ascensores, espacios cerrados, sitios con mucha gente, colas de espera, coches o transportes públicos, conducir, insectos (arañas), animales (perros…), sitios aislados, oscuridad, gente desconocida, etc.

 

7.- Pasar cada vez más tiempo en casa, aislarse cada vez más, salir a la calle o con amigos cada vez menos, … O que los demás te lo digan.

 

8.- Notar que tienes un problema con el alcohol, tabaco, u otras drogas: controlar menos, gastar más dinero del deseado, consumir cada vez más, dejar de disfrutar del ambiente social en que se consume, querer dejarlo y no poder, …  O que otros te lo digan.

 

9.- Tener altibajos en la alimentación, como épocas de perder el apetito y épocas de un apetito voraz, o tener vómitos frecuentes, o picos de ansiedad por la comida, etc.

 

 

10.- Cuando personas cercanas o de confianza (amigos, familiares, pareja…) te dicen que deberías buscar ayuda.